15- Significados raros


Taro se recostó en su silla, exhausto. —Finalmente—, dijo, con un suspiro de alivio.

—Creí que nunca entenderías. 

Yuto se río, con una sonrisa de triunfo. —Sabía que podía hacerlo. Gracias por tu ayuda, Taro. No sé qué hubiera hecho sin ti—

Taro se sorprendió al escuchar las palabras de agradecimiento de Yuto, pero rápidamente cambió su semblante para que Yuto no se diera cuenta y se encogió de hombros. —No hay de qué. Solo estoy contento de que hayas entendido finalmente… pensé que nunca lo harías—


Yuto se levantó, estirándose y arqueando su espalda —aunque creo que no dormiremos mucho—.


Yuto señaló el reloj de su habitación ignorando el insulto de Taro. Taro volteó sorprendido a mirar el reloj. —Maldición. ¿Es tan tarde? Taro se asustó por la hora; Eran más de las 3 de la mañana.


Taro se levantó rápidamente, mirando a Yuto con preocupación. —Debo irme— agregó rápidamente Taro, "espero que mi padre no me mate" pensó Taro.


Taro no pensó que pasaría tanto tiempo enseñando a Yuto. Nunca había pasado tanto tiempo fuera de casa.


Asustado, Taro comenzó a reunir sus cosas. —Espero que apruebes este examen, o si no todo esto habrá sido en vano —Taro respondió algo molesto. 


—Bueno, al menos ahora podré presentar el examen —Yuto dijo indiferente.

Taro quiso soltarle un golpe; por culpa de Yuto no durmió durante toda la noche y ahora no sabía si tendría problemas en su casa. 


—Sabes, pensé que eras estúpido… pero nunca imaginé cuánto. Taro miró de reojo a Yuto.


—No es mi culpa que tú no sepas enseñar, ¿sabes?— Yuto respondió molesto. 

—Igual ahora ya aprendí, ¿qué más quieres? ¿Qué te bese los pies o algo así? —.

Taro quería responder más insultos a Yuto, pero perdería más tiempo, además sabía que Yuto era demasiado terco y la pelea nunca terminaría. 

—Bueno, debo irme. Solo espero que todo esto haya valido la pena, ¿sabes? —Taro caminaba hacia la salida; Yuto iba detrás de él siguiéndolo. 

—Tranquilo, verás que sacaré una buena calificación— Yuto respondió con pequeña alegría.


—Bien, niño bonito, eres libre— Yuto abrió la puerta para que Taro saliera. Taro iba a salir, pero espero unos segundos en el marco de la puerta pensativo. 

Yuto se dió cuenta de que Taro se había quedado quieto y giro para verlo, —Que? ¿Qué pasa? ¿Ahora no te quieres ir o qué?— preguntó Yuto confundido. 


—¿Sabes? Te he querido preguntar algo desde hace un tiempo— Taro respondió en voz baja. 


Yuto esperando que Taro siguiera hablando seguía mirándolo fijamente. —¿Bien? ¿Qué pasa ahora?—. 


Taro espero un momento y después hablo —Por qué desde hace un tiempo me dices niño bonito?— Taro entrecerró los ojos, mirando a Yuto. Sabía que Yuto no se lo decía de manera amable. 


Yuto se río, con una sonrisa maliciosa. —Ah, ¿te molesta? Pensé que te gustaba que te halagara—.


Taro frunció el ceño. —No me gusta que te burlas de mí. ¿Por qué lo haces?—


Yuto le regaló una pequeña sonrisa en cambio —porque desde que te vi sabía que eras el típico niño popular, egocéntrico y perfeccionista con aires de grandeza y de pequeño príncipe encantador de cuento de hadas—.


Taro se quedó mirando a Yuto con ojos de cansancio. "Es mi culpa por preguntarle a un neandertal". 


Taro prefirió no decir nada y salir —Nos vemos luego, pequeño diablillo rojo—Taro emocionando para sí mismo y se fue sin mirar a Yuto. — ¿Ah? ¿Qué demonios me dijiste?— Yuto quiso perseguir a Taro, pero sabía que si hacía mucho escándalo molestaría a los vecinos, así que solo se quedó frustrado por no poder seguir insultando a Taro.


Taro solo levantó una mano en el aire como despidiéndose, "maldito imbécil", pensó Yuto y regresó dentro para cambiarse e ir a la escuela. 


Taro al llegar a casa entró casi sin hacer ruido; tenía el corazón a mil latiendo; Sintió que su respiración lo delataría. Al llegar a su habitación sentí que era una de las misiones más difíciles que había presenciado en su vida. Cerrar su puerta parecía ser algo imposible, pero lo logró. Taro se recostó un momento, esperando que su alarma sonara como si recién se hubiera levantado. "Maldición, por culpa de ese pequeño diablillo rojo no pude dormir y ahora estoy pasando esto", Taro maldijo a Yuto en sus pensamientos. Cuando sonó su alarma, Taro se levantó y se vistió como si nada hubiera pasado. Actuó como si no hubiera llegado tarde a casa. Pasaron unos minutos y cuando ya estuvo listo, salió fuera de su cuarto para ver si sus padres no llegaban y trataban de matarlo por lo sucedido. Taro rezaba para que sus padres no lo reprendieran. Cuando bajó a la cocina y no vio a nadie, Taro se sorprendió, se quedó inmóvil por un instante y después subió al piso donde sus padres dormían. Taro se acercó con cautela e intentó escuchar a través de la puerta para tratar de escuchar algún sonido proveniente de la habitación. Taro esperaba para ver si sus padres estaban o no, pero Taro no escuchaba nada. Taro se armó de valor y tocó la puerta. Esperó respuesta, pasaron unos minutos y Taro vio que nadie respondía; tocó otra vez y obtuvo la misma respuesta. Después de unos instantes al ver que nadie salía ni respondía, Taro decidió abrir la puerta cautelosamente. Tomo aire y decidió asomar cuidadosa y lentamente la cabeza para ver si había alguien. Cuando pudo ver dentro de la habitación, se percató de que no había nadie; la cama de sus padres estaba intacta y sin señales de que alguien había dormido en ella. Taro se quedó en silencio mirando la cama ajena, dándose cuenta de que sus padres no habían llegado en toda la noche.


Comentarios

Entradas populares